mi historia

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la Jurado dijo en una entrevista: Todos los días las madres paren artistas.  Mi madre parió una estrella. Mis padres no entendían de astrología y no sabían quién era. Estoy segura que desde muy pequeña sabían que brillaba (y mucho), pero sintieron  miedo de ese brillo.  Así que automáticamente, sin ser conscientes, sin pararse a pensar en por qué, pues no daban a más, me invalidaron. Lo hicieron porque era la única forma de controlarme y para ellos controlarme era educarme

Esa invalidación, formó parte del subconsciente colectivo de todo mi entorno. En la escuela las profesoras también me invalidaron, las amiguitas y los compis del cole y obviamente yo misma.

Me invalidaron en todo: mala para jugar al escondite, mala para saltar a la comba…  No encontré otro refugio más que el cine y los libros.

La madurez me llevó a invalidarme como mujer y no elegí estudiar en la universidad ni ser la novia de un chico guapo. Tuve un novio feo  machista y narcisista y me convertí en su versión pero en femenino.

Suerte que cuando cumplí 29 años—como a todos nos sucede— llegó Saturno al punto donde estaba en mi nacimiento y tuve que madurar. Fue el primer momento en mi vida donde sentí que había vivido totalmente desconectada de TODO. Como en aquel tiempo no sabía quién era Saturno, no supe convertir el tiempo en mi aliado y quise correr para recuperar los años perdidos. Y de nuevo me equivoqué pero no solo una, varias veces. Elegí  hombres agresivos y manipuladores a los cuales daba mi destino como trofeo.

Viví perdida, sin rumbo, consciente de que moría una parte de mí y resurgía una nueva Rosana más auténtica. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀
Cada fase la viví como una muerte y un renacer.  Fue una guerra librada contra mi yo adulto y mi yo infantil.

¿Sabes cuando comencé a sentirme bien? ¿A estar en paz conmigo misma?  Cuando le hice caso a una terapeuta que me dijo: Enciérrate a escribir.

Y le hice caso, escribí mi primera novela, de inmediato la segunda y a los meses una tercera. Volqué todo mi dolor toda mi rabia, diseccioné cada estrategia utilizada por aquellos hombres que no supieron amar y analicé mi comportamiento de niña sin voz y les di nombre a aquellas mujeres que al igual que yo, habían sido silenciadas con una mirada de su hostigador, las llamé «Niñas sin un yo».

Hasta hace poco le he ido dotando de armadura a aquella niña. Me ha costado mucho entenderla, mimarla y quererla.

Y si has leído hasta aquí, entenderás que yo debía entender por qué sucedió todo y te preguntarás cómo lo hice.

Mi refugio, además de muchas terapias, fue la astrología, la literatura y la fuerza de esa estrella brillante que tantas veces ahogaron su luz. Me fui permitiendo brillar y brillar para poder constelar a otras preciosas estrellas como tú.

Quiero pedirte que a partir de hoy te des la licencia de brillar, te digas lo merecedora que eres de tener una vida rica, llena de paz y amor.

 

Mi Historia con Storytelling